Goethe, Johann Wolfgang von by Fausto

Goethe, Johann Wolfgang von by Fausto

autor:Fausto [Fausto]
La lengua: spa
Format: epub
Tags: Teatro, Otros
editor: ePubLibre
publicado: 1831-12-31T16:00:00+00:00


EN EL PENEIOS[313]

Circuidos de aguas y de Ninfas

El PENEIOS, FAUSTO, las NINFAS, QUIRÓN, MANTO

EL PENEIOS.— No ceséis en vuestro balanceo, plantas acuáticas, y continuad, leves cañas, vuestro dulce murmullo. Ramas flexibles del saúco, estremeceos; trémulas hojas del álamo, continuad en vuestra armonía y meced suavemente mis interrumpidos sueños. Una espantosa sacudida, una misteriosa y universal vibración, me despierta en el seno de mi tranquilo y manso fluir.

FAUSTO (acercándose al río).— A no engañarme mis oídos, debo creer que en el seno de esta bóveda, de ramas y follaje entrelazados, se oyen acentos semejantes a voces humanas. Diríase que la onda murmura y la brisa ríe locamente.

LAS NINFAS (a Fausto).— Sumérgete en el agua, y templa el ardor de tu corazón en nuestra límpida frescura; ven a gustar en nuestro seno la dulce paz que huye sin cesar de ti. Te meceremos con nuestros murmullos, con nuestros cantos, con nuestros suspiros.

FAUSTO.— ¡Sí, estoy despierto! ¡Ah! Flotad, flotad, formas incomparables, que me deslumbréis doquiera dirija mi vista, causándome un arrobamiento que me inunda en un mar de delicias. ¿Son éstos sueños o recuerdos? Recuerdo haber sentido ya otra vez un placer igual. Las aguas se deslizan por entre las espesas ramas dulcemente agitadas, sin murmurar, sin moverse apenas. Por todas partes se unen las corrientes, ensanchándose luego en suaves remansos que convidan al placer del baño. Bellas figuras de mujeres de floreciente juventud se ofrecen al ojo encantado, reflejadas en el líquido cristal. Toman su baño alegremente, nadan las unas con osadía, las otras se mueven con temor, y los gritos y las risas llenan el aire… Tanta belleza debería bastarme, tal espectáculo debería contentar mi vista; sin embargo, mi deseo va siempre más allá. Mis miradas, penetrando a través del espeso follaje, buscan el lugar donde se oculta la noble reina[314]. ¡Oh, prodigio! He aquí que también cisnes se acercan nadando con movimientos llenos de pureza y majestad; bajan suavemente, tiernos y familiares, pero soberbios y satisfechos de sí mismos, moviendo su pico y sus alas… Uno de ellos, sobre todo, hincha su pecho con audacia, y avanza veloz entre todos los demás; se ahuecan sus plumas y, semejante a una onda bogando por su propio impulso, se dirige al sagrado santuario. Nadan los otros de aquí para allá, con su plumaje de suave blancura, y no tardan en acometerse en lucha magnífica, a fin de asustar a las tímidas jóvenes para que, en su azoramiento, se olviden de su sagrada misión y no piensen más que en salvarse.

LAS NINFAS.— Prestad atento oído, hermanas nuestras, al césped de la orilla. ¿Qué rumor nos despierta? Son los pasos de un corcel que viene a escape. ¡Cuánto daría por saber cuál es el mensajero fiel que va a transmitir esta noche la rápida noticia!

FAUSTO.— Paréceme que la tierra se estremece a los pasos sonoros de un rápido corcel; dirijamos la vista hacia el punto de donde procede el rumor. ¿Si será esto para ti de feliz agüero? ¡Oh, prodigio sin igual! Veo a



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